Sí al aborto y el que esté libre de culpa...

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Correo,
Raúl Muñiz Torres,
21 de Abril de 2007.

"Creo en un solo Dios padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, creo en un solo señor Jesucristo, hijo único de Dios, nacido del padre antes de todos los siglos.

Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado". Sí, creo en todo eso como también creo en la dignidad de la persona, en su autonomía para decidir qué es lo mejor para su vida, creo en la tolerancia y en su promoción que permite la vida en armonía.

Creo en la diversidad de opiniones informadas, honestas y dirigidas a tratar de comprender mejor al Otro, a quien se encuentra a mi lado, a quien no conozco y sin embargo soy de alguna manera responsable por él o ella.

Creo en las acciones congruentes entre el hacer y el pensar que me permiten ser un mejor ser humano. Sí, creo en todo eso. Creo por todo ello, en la despenalización del aborto antes de las 12 semanas de gestación porque nadie tiene derecho juzgar a nadie sin saber qué pasa en el interior de cada mente y el dictado de su ánimo.

Creo por ello en Paulina, la niña de Mexicali que hace siete años fue violada, que quiso abortar y no pudo porque no la dejaron. Creo en sus palabras que al paso de los años reflejan frustración cuando dijo en un spot televisivo: "Fui violada, quedé embarazada y mi vida se cortó; qué bueno que a la mamá de Chespirito la dejaron decidir, a mí y a mi familia también nos hubiera gustado poder decidir".

Creo en ella cuando dice que en unos años le dirá a su hijo toda la verdad porque confía completamente en él para saber que no la juzgará. Creo en periodistas como Ciro Gómez Leyva, respetuoso en su trabajo diario de las diversas opiniones, creo en sus creencias respecto al tema cuando dice: Sí, por acabar con las ocho muertas diarias, o más, por abortos clandestinos en la Ciudad de México.

Sí, por hacer con calidad clínica lo que hoy se hace criminalmente mal. Sí, por la mujeres (y muchas veces su parejas) que no tienen opción de pagar una fortuna, en México o en el extranjero, para interrumpir un embarazo no deseado.

Sí, por la libertad. Sí, a la propuesta de hacer legal el aborto. Sí, definitivamente. Y sin embargo, creo también en las voces que se encuentran en contra de la despenalización del aborto, pero en aquellas que son plenamente capaces de entender también aquellas opiniones que se manifiestan a favor de dicho acto.

Creo en las voces que rechazan el aborto pero que con sus opiniones, son capaces de entender que la solución es parte de todos, en un debate que nos permita como sociedad entender mejor a las mujeres y los hombres que dicen: "No, ahora no".

Creo y respeto a la gente que se manifiesta por la vida y le gustaría que todo embarazo culminara justo a los nueve meses con el nacimiento de un nuevo ser humano, pero que acepta la diversidad de creencias y entiende que cada quien es responsable de sus decisiones.

No creo, por el contrario, en las voces que se manifiestan en contra del aborto y que pare hacerse escuchar son capaces de justamente de amenazar con lo que rechazan: con la muerte.

No creo en los jerarcas de la iglesia católica que amenazan con excomulgar a los legisladores promotores de la despenalización. No creo en los grupos radicales que se manifiestan y no entienden que el debate es una expresión y acción que permite dar conclusiones en pos de un mejor escenario en el horizonte de todo ser humano.

Entiendo que las manifestaciones en pos del aborto y sus despenalización y de aquellas que se encuentran en contra, son prácticamente irreconciliables, que en este tema las posiciones morales, científicas, éticas, religiosas, se encuentran presentes a su máximo nivel y que todas y cada una de ellas son profundamente válidas.

Nadie, sin embargo, tiene derecho a juzgar a nadie, nadie tiene derecho a condenar a ninguna mujer que haya decido abortar. ¿Con qué derecho? ¿Bajo qué argumentos?. Y recordamos entonces la Biblia: Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que arroje contra ella la primera piedra, frase de Jesucristo, tomada del Evangelio según San Juan 8, 7, que habría pronunciado el Redentor ante la turba que pretendía lapidar a una mujer acusada de adulterio, como si ellos estuvieran libre de culpa.

Con el correr de los siglos, la frase consolidó su vigencia y su uso se extendió a toda situación en donde quienes juzgan no están moralmente autorizados para hacerlo ya que, en muchos casos, son responsables de pecados muchos mayores que los que están juzgando.

Así, el próximo 24 de abril, en el Asamblea Legislativa del Distrito Federal, los diputados del recinto habrán de despenalizar el aborto para que las mujeres capitalinas que así los crean conveniente, puedan interrumpir su embarazo antes de las doce semanas de gestación.

Se podrá estar de acuerdo o no, pero lo que sí es una realidad, es que la sociedad de nuestro país, deberá, deberemos empezar a considerar que la evolución de la humanidad pasa en buena medida por la medida en que se entiende que nada es para siempre, qué las situaciones de vida de una sociedad en su conjunto cambian y que si no somos capaces de entenderlo, la historia nos lo recordará de una u otra manera.

Por eso, sí a la libertad de elegir, sí al derecho de asumir qué deseamos para nuestra vida, sí a la decisión propia de hombres y mujeres libres. Sí al aborto y el que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra.

Comentarios: serrotmuniz@hotmail.com

 
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