Sorry, Chespirito

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Milenio,
Ciro Gómez Leyva,
30 de marzo de 2007.

Bien por Chespirito. Bien por correr el riesgo de salir a fijar un punto de vista en un debate que mucho nos está enseñando a muchos. Lo vi ayer en televisión, en un spot de 30 segundos, firmado por una asociación para mí fantasmal, pidiéndole al auditorio: “Abortemos la ley, no la vida”.

Qué importa saber quién lo paga. Quien lo hace está contra el proyecto para sacar al aborto de la clandestinidad. Y en su derecho de gastarse su dinero. O de pedirle un favor a Televisa para que lo difunda sin costo.

Bien por el teólogo suizo Hans Küng, que viene a meter sus narices a nuestra discusión para fijar también un punto de vista, tres conceptos: a: el óvulo fertilizado no es una persona; b: despenalizar el aborto favorece en primer lugar a las mujeres pobres; c: por tanto, es inmisericorde no permitir el aborto.

Bien por todos los que están sacando la cabeza del agujero, jugándose una carta. El del aborto es un debate por el que vale la pena hacerlo.

El martes se dijo aquí que vendría una ofensiva durísima para aflojar a los asambleístas del DF que piensan votar por la despenalización absoluta del aborto antes de que termine abril. Lo de Chespirito es una pálida muestra.

Bien por esa ofensiva, siempre que sea de palabras, de ideas. Frente a ella, no queda más que armar la defensa, decirles a los asambleístas que la mayor parte de la sociedad está con ellos, que no se doblen, que recuerden la frase esencial del escritor Max Frisch: “Quien se niegue rotundamente a aceptar el aborto voluntario es un romántico y un irresponsable. Ese romanticismo ha sido la causa de mucha infelicidad”.

Tiene razón, esta batalla es en alguna medida contra la infelicidad. Así es que, sorry, Chespirito, les vamos a ganar.

Periodista.
gomezleyva@milenio.com

 
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